Declaración Política
A casi cinco años del 2 de julio de 2000 poco se ha avanzado en el proceso de democratización del país. El enrarecimiento del ambiente político, en que prima el conflicto, la estridencia, la descalificación -incluso al interior de los partidos-, y la manipulación informativa, aunado a la limitada respuesta que dan las autoridades locales, estatales y federales para satisfacer las principales demandas ciudadanas, está arrastrando al país a una fuerte crisis institucional.
En muchos sentidos y
en casi todos los ámbitos, el viejo sistema autoritario conserva aún
su entramado jurídico e institucional, manifiesto en las prácticas
políticas que le acompañan. Después de muchos esfuerzos, conseguimos
que se respetara el dictado de las urnas, en un triunfo de la
ciudadanía, y desde entonces los electores han sufragado por una
pluralidad de partidos. Pero esa sana diversidad se ha topado con
estructuras rígidas que no permiten la conciliación de las legítimas
demandas de los distintos sectores de la sociedad.
El incremento de la desigualdad, los índices alarmantes de
inseguridad, el constante deterioro ambiental, la destrucción del
patrimonio cultural, el desvanecimiento de nuestras riquezas
naturales, la precaria gobernabilidad democrática, la utilización de
la justicia para desacreditar al contrincante y criminalizar a los
movimientos sociales, la galopante corrupción, la intromisión del
dinero sucio en la política, el fortalecimiento de los poderes
fácticos y la resistencia –a veces violenta — de los actores
políticos ante la crítica transformadora, están poniendo en riesgo
nuestra viabilidad objetiva como Estado soberano.
Esta situación se expresa en un amplio y profundo estado de
desencanto y desmovilización ciudadanas que está propiciando la
reaparición de un fuerte abstencionismo en los procesos electorales;
en el abandono de la participación en las cuestiones públicas; y en
un incremento de las situaciones que propician la violencia, la
confrontación, el desgarramiento y la descomposición del tejido
social.
El estancamiento económico, la creciente dependencia y el
desmantelamiento de sectores completos de la actividad productiva,
así como la contracción del mercado interno y de los salarios, ponen
en tela de juicio los propósitos y métodos de la economía de mercado
vigente. Esto nos obliga a cuestionar sus fundamentos, así como el
papel que el Estado debe jugar como garante del desarrollo frente a
la lógica de mercado dominante.
Frente a esta situación de un Estado fallido, los partidos políticos
y el gobierno han dado la espalda a la sociedad y no han tenido la
capacidad de destrabar juegos de intereses y limitaciones jurídicas
e institucionales, que tienen al país en riesgo de una seria
involución democrática y del ahondamiento de la crisis económica,
política, social, ambiental, cultural y educativa.
México es una nación con una compleja y rica trayectoria histórica,
con riquezas físicas y humanas enormes. Es una nación pluriétnica y
pluricultural que cuenta, además, con grandes recursos
intelectuales, científicos, culturales y artísticos. Sin embargo, su
escaso aprovechamiento está lejos de traer los beneficios que
podrían procurar a la sociedad. Es necesario revalorizar el campo
cultural y educativo en una visión que integre las diversidades, los
derechos y libertades culturales y la capacidad de producción y
acceso a estos bienes y servicios.
Por todo esto, conscientes del papel que a la soberanía emanada del
pueblo toca jugar en todo momento, pero más aún en la situación que
hoy enfrenta, hemos decidido enarbolar como bandera unificadora
del movimiento ciudadano la reforma del Estado mexicano.
Dicha reforma conlleva, en nuestra perspectiva, una refundación
constitucional de la República: de sus bases
jurídico-constitucionales y generales, pero –sobre todo – de los
valores y del rumbo de su desarrollo económico-social. Se origina en
la imperiosa necesidad de garantizar el respeto y la vigencia de
todos los derechos humanos para toda la población, como columna
vertebral de todo el quehacer político y gubernamental.
Requiere también de la edificación de un verdadero estado de derecho
que se instaure en lugar de las prácticas autoritarias y facciosas.
Una revisión integral de nuestro máximo ordenamiento jurídico nos
permitirá ampliar la legitimidad democrática de nuestras
instituciones, adecuándolas a las demandas de funcionalidad,
transparencia y participación en la toma de decisiones públicas.
Simultáneamente, estamos obligados a esclarecer nuestro oscuro
pasado de represión estatal, aún impune, que ha conducido a muchos
de los abusos actuales.
Además, es necesario fortalecer la pluralidad en la competencia
política reconociendo la urgencia de la homologación y respeto a los
marcos legales por parte de las autoridades electorales y los
partidos políticos.
Una reforma sistémica de esta naturaleza, eliminaría los vacíos
legales, las redundancias y contradicciones, al tiempo que
armonizaría las responsabilidades de las autoridades y actualizaría
los derechos de los ciudadanos.
La dignidad de la persona es el fundamento ético y la fuente de
criterios para alcanzar la refundación de un Estado fortalecido y
capaz de enfrentar la lógica de mercado imperante.
Aspiramos a un Estado social democrático y laico sustentado en el
respeto a la diversidad y la pluralidad de nuestra sociedad.
Conscientes del enorme esfuerzo y complejidad de nuestro propósito,
hemos acordado en este Encuentro, desde los movimientos sociales en
los que participamos, una Agenda mínima sobre la reforma del
Estado. Esta ha sido construida desde nuestra visión como
ciudadanos y ciudadanas, con perspectiva de género, sustentabilidad,
y desarrollo equitativo.
Desde hace más de cuatro décadas la sociedad civil mexicana
contemporánea se encuentra en un proceso de construcción de
ciudadanía tanto individual como colectiva. El objetivo central de
este esfuerzo es avanzar en la construcción de una democracia
participativa frente a la inoperancia actual de la democracia
representativa.
Por ello, hacemos un llamado a toda la ciudadanía a debatir y
reflexionar sobre esta agenda para así enriquecerla con sus visiones
y aportes. También, a desarrollar acciones concretas para promoverla
y llevarla a efecto, en un verdadero proceso de “ciudadanía en
movimiento”, desde todos los ámbitos privados y públicos, y desde
todos los rincones del país.
Debemos impedir toda involución democrática pero, fundamentalmente,
debemos trabajar por otro futuro posible para nuestro país y el
mundo. Un futuro que incluya a todos los mexicanos y mexicanas
–incluso más allá de nuestras fronteras. Construir de esta manera,
un futuro de bienestar y equidad, de instauración y consolidación
democráticas, de respeto y ejercicio de los derechos humanos y de la
diversidad cultural, para lograr una inserción y una contribución
diferentes de México en el mundo globalizado.
En consecuencia, llamamos a la clase política y a los partidos
políticos a comprender que más allá del próximo cambio de gobierno,
lo que está en juego es el proyecto de nación a la que aspiramos y
su viabilidad. Los instamos desde aquí a cumplir con esta tarea
urgente, y a abrir los espacios para acordar y concretar una cabal
reforma del Estado, mediante un diálogo franco, incluyente y plural,
cuyo resultado sea la construcción de un proyecto común para todos y
todas.
Queremos una reforma integral, no sólo normativa y legal sino que
implique una nueva forma de ejercer el poder público, en la que esté
representada efectivamente y participe activamente la ciudadanía.
Tarde o temprano, la fuerza de la razón y la voluntad ciudadanas
acabarán por hacernos entender a todos y a todas que es éste el
único camino por el que podremos transitar hacia el futuro.